¿Es el crédito educativo una inversión de alto riesgo?

Santo Domingo .- Estudiar, con financiamiento o no, significa hacer una gran inversión de tiempo, dinero y esfuerzo del que se esperan amplios beneficios.

Si se hace con crédito educativo, las expectativas naturalmente se amplían, pues ese buen empleo al finalizar la carrera ha de traer consigo un jugoso salario que permitirá cubrir las cuotas.

Además, ha de alcanzar para honrar otras responsabilidades propias de la vida adulta: pagar servicios básicos, alquiler de vivienda, transporte y comprar las cosas que se necesite o desee, por ejemplo.

Papá y mamá ya están en su fase final de proveedores y, aunque se viva en la misma casa, la dirección es hacia la independencia económica.

Sin embargo, para un joven dominicano ese buen salario sería un reto particularmente importante. En el país, muy pocos tienen “buenos” ingresos.

Datos de la Tesorería de la Seguridad Social (TSS) dan cuenta de que, al 31 de diciembre de 2016, solo el 20% de los trabajadores formales devengaba un sueldo mayor a los RD$25,000.

El grueso de los empleados, 42%, percibe un sueldo inferior a los RD$10,000. El restante de los trabajadores está entre los RD$10,001 y los RD$25,000.

A esto hay que sumar la alta tasa de desempleo en la población joven. De acuerdo con datos oficiales, a finales de 2015 era de 30% para la población que tiene entre 18 y 24 años.

En tanto, para la que tiene ente 25 y 29, era de 19.69%. En ambos casos se trata de tasas muy superiores al promedio general de ese momento, que era de 14%. Actualmente la tasa de desempleo ampliada general es de 13.3%.

Plazos cortos para saldar

“(Financiar los estudios) es un compromiso en el que se invertirán los primeros frutos del esfuerzo en la universidad (…). Impide realizar gastos durante el tiempo que se pagan las cuotas, por lo que les recomiendo que se preparen mentalmente a los pagos y a trabajar duro para lograrlo”, aconseja Ana María, una joven que fue usuaria de este tipo de productos.

Y es que al menos al principio de la vida laboral, cuando los salarios suelen ser muy reducidos por la poca experiencia, las cuotas podrían ser cargas difíciles de llevar.

Entre otras razones, porque los plazos para pagar los financiamientos a la educación no son muy amplios, sobre todo en los bancos comerciales. En este tipo de instituciones el tiempo máximo promedia los 4.5 años para estudios de grado y posgrados, de acuerdo con un levantamiento realizado por Argentarium en septiembre de 2016.

A este plazo, ¿qué tan pesada puede ser una cuota?

Supongamos que el usuario financia una carrera de grado por un monto de RD$800 mil pesos, a cinco años y a una tasa del 15%.

La cuota a pagar este préstamo sería de RD$19,031.00 al mes, superior al salario que gana el 64.7% de la población (que gana RD$15 mil o menos).

Asumamos que el egresado universitario devengue RD$25 mil, tendría que dedicar el 76% de sus ingresos al pago de un préstamo, un nivel de endeudamiento asfixiante.

En este caso, al término del préstamo educativo el estudiante terminará pagando RD$ $341,916.64 solo de intereses, es decir, el equivalente a un año y dos meses de sus ingresos.

Las entidades no bancarias —fundaciones y universidades— ofrecen un poco más de tiempo: 5.5 años en promedio.

De ahí se desprende que también sus cuotas de solo capital serían más bajas. A la vez, será mayor la cantidad pagada por concepto interés al término del financiamiento.

Sin trato diferenciado

“La administración del crédito educativo debe mantener un sano equilibrio entre los objetivos financieros y los sociales. Si predominan los financieros, podrían diseñarse líneas de crédito imposibles de pagar en el futuro. Si se da preeminencia a los propósitos sociales, las instituciones y programas de crédito educativo se pueden colocar en alto riesgo, descapitalizarse y desaparecer”. Frederich Bergés, expresidente de Fundapec y Ápice.

El crédito educativo, por su naturaleza, está dirigido a personas jóvenes, probablemente con poca experiencia y consciencia de las implicaciones de estos compromisos financieros.

Si en el trayecto de la vigencia de este financiamiento las cosas salen mal (no se encuentra empleo o uno con un salario suficiente para amortizarlo, por ejemplo), el deudor sufrirá el mismo impacto que para estos casos genera un crédito tradicional.

De 18 instituciones bancarias y no bancarias consultadas, solo 3 expresaron a Argentarium.com que existiría la posibilidad de hacer una reestructuración de la deuda u otras negociaciones de carácter similar.

El resto aplicaría los procedimientos de lugar de cualquier otro préstamo.

En otros países las políticas de este tipo de crédito incluyen algunas facilidades para evitar perjudicar al estudiante.

Concretamente en Estados Unidos, las personas que toman préstamos educativos con fondos gubernamentales tienen la opción de detener el pago de su crédito hasta que mejoren sus condiciones, sin que su imagen crediticia se ensucie.

Un Estado ausente


“El sistema de crédito educativo en el país ha sido una iniciativa del sector privado, fundamentada en la noción de que la educación superior puede y debe ser financiada por quien se educa y recibe los beneficios de la misma. (…)

La iniciativa privada de crédito educativo se basa en la noción de que el estudiante que se decida por esta vía, se beneficiará de los ingresos futuros, los cuales, a su vez, le permitirán hacer frente su deuda.

La decisión de invertir en educación, con el costo y riesgo que conlleva, debe recaer en el estudiante. Bajo este esquema, el rol del Estado es nulo, puesto que la decisión de otorgar o no un préstamo, así como su pago, recae sobre particulares”. Susana Gámez. Financiamiento de la educación superior en la República Dominicana (2003).

Con sus defectos y virtudes, el crédito a la educación ha sido un esfuerzo del sector privado: de bancos, universidades y otras instituciones que han visto en este financiamiento, además de un buen negocio, la posibilidad de estimular el desarrollo del país a través de la mejora de su capital humano.

Esto ocurre a pesar de que la Ley 139-01 de Educación Superior, Ciencia y Tecnología establece en su artículo 92 la creación de “un programa nacional de crédito educativo que tenga por objetivo garantizar el acceso de todo estudiante con talento y dedicación a la educación superior y que permita que cada beneficiario contribuya con el financiamiento de sus propios estudios”.

Aunque se han dado algunos pasos para su formación, todavía no se logra poner esta iniciativa en marcha.

Fuente: Argentarium




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