Pakistán sangra por el extremismo religioso

Nueva Delhi .- Aunque los números avalan la estrategia militar del gobierno, la violencia sectaria y terrorista en Pakistán está lejos de acabar, alimentada por la pobreza, la difusión de ideas religiosas extremistas en las escuelas y la guerra en Afganistán.

El actual conflicto entre las autoridades y la militancia radical islámica en el país comenzó a gestarse en la guerra en los años 80 del pasado siglo en la vecina nación, cuando miles de yihadistas de todo el mundo, con el respaldo de Washington y de Islamabad, viajaron allí para combatir a las tropas soviéticas.

Una vez terminada esa conflagración, los radicales se dividieron en numerosas formaciones que acabaron enfrentándose al Estado de Pakistán o entre ellos en suelo afgano, recordó el senador y exministro del Interior Rehman Malik.

Para el político, la situación se agravó tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando el país se alineó con Estados Unidos en su campaña militar, que provocó la ’animosidad de los talibanes y de grupos aliados’.

Por lo tanto, Pakistán ’está pagando un precio muy caro por esta cooperación con la Casa Blanca’, ya que una ola de terror comenzó a golpear a nuestro territorio desde entonces, subrayó.

Aunque tanto las autoridades como diversos estudios destacaron la disminución de los ataques terroristas en 2017, lo cierto es que los grupos armados mantienen su capacidad operativa para lanzar mortíferos atentados en toda la geografía nacional.

Pakistán comenzó el nuevo año con luces y sombras en su guerra contra el terrorismo, un flagelo que desangra al país y muy vinculado a la violencia en Afganistán, donde Estados Unidos intenta infructuosamente vencer a los talibanes desde hace más de 16 años.

Según un informe de 40 páginas de la Autoridad Nacional Contra el Terrorismo, el país sufrió 681 incidentes de ese tipo en 2017, una disminución del 58 por ciento con respecto al año anterior.

Otra investigación del Instituto de Estudio de Conflictos y de Seguridad de Pakistán (Picss) anunció números similares.

El Picss resaltó que en ese período perdieron la vida por actos terroristas mil 387 personas, entre ellas 585 civiles, y otras mil 965 resultaron heridas.

En ese lapso, el país sufrió 420 ataques, una disminución de 15 por ciento con respecto a 2016, mientras el número de víctimas fatales cayó seis por ciento, subrayó.

Cifras positivas también presentó en su reporte anual el Instituto de Pakistán para Estudios de la Paz (PIPS), aunque advirtió que el Estado Islámico (EI) es una creciente amenaza por la posible llegada de numerosos extremistas de Medio Oriente.

La formación terrorista reclamó la responsabilidad de solo seis acciones en esta nación en los últimos 12 meses, pero fueron algunas de las más mortíferas.

No obstante esos números, casi a diario la prensa nacional reporta atentados, asalto a instalaciones, ataques, estallidos de artefactos caseros, enfrentamientos o emboscadas en diversos puntos del país.

De hecho, el PIPS estimó que Tehreek-i-Taliban Pakistan (TTP), una alianza de docenas de grupos extremistas, se mantuvo en 2017 como el principal peligro para la estabilidad interna de la nación.

Precisamente, el diario Dawn reveló recientemente que el TTP parece ganar fuerza en las Áreas Tribales bajo Administración Federal (FATA), una conflictiva zona limítrofe con Afganistán, donde sí se recrudeció la violencia en 2017.

Los extremistas tienen allí sus propias instancias para resolver disputas personales, familiares y de propiedad, así como para imponer multas y sanciones, en detrimento de las autoridades, subrayó.

El 15 de junio de 2014 el ejército inició en la FATA y en la vecina provincia de Khyber Pakhtunkhwa una masiva operación para desalojar a los irregulares de sus reductos.

Bautizada como Zarb-e-Azb (en urdu, ataque agudo y cortante), la campaña fue lanzada como una respuesta al rompimiento de las negociaciones por parte del Talibán y su posterior ataque contra el aeropuerto internacional Jinnah, de la sureña ciudad de Karachi, que dejó 28 muertos y 18 heridos.

Para complementarla, el ejército comenzó en febrero del pasado año la campaña Radd-ul-Fasaad, que a diferencia de la primera, tiene como objetivo todo el territorio nacional.

Junto a la estrategia militar, las autoridades desarrollan planes como una mayor fiscalización de las madrasas (seminarios islámicos), devenidas en hervideros de extremistas.

La mayoría de los dirigentes del TTP y de los grupos afines estudiaron en esos centros, muchos de los cuales están en la mira de la justicia por las ideas extremistas que difunden, su profunda aversión hacia otras religiones o incluso ramas del Islam, en especial el chiismo.

Esa ideología fue una de las principales causas del incremento de los ataques a dicha comunidad, que supone el 20 por ciento de los más de 200 millones de pakistaníes. También son blanco sistemático de los extremistas los cristianos, hindúes y otras minorías.

’Las acciones militares pueden haber aplastado a los terroristas radicalizados, pero no pueden derrotar la ideología extremista de los terroristas, que siguen acicalando a las nuevas generaciones’, advirtió Malik.

Fuente: Prensa Latina




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